viernes, 5 de junio de 2020

Bozal

Libertad violada en paz
quietud sólo quebrantada
por alóctonos autóctonos
que dan vítores cacófonos

Asesinas reveradas
batas bermellón bañadas
pasión carmesí a la morgue
danzan para Mefistófeles

Esclavos amordazados
cananeos timoratos
sacados a rondar
horarios a aminorar ¹

Su destino y su final
a ascendientes similar
más allá del purgatorio
Mikrá excusa el genocidio

Orden transpecie postrado
febril genoma humillado
Corona a lo alto en Babel
Leviatán y su cascabel

Pretensiones de ágape
de la granja no hay escape
saltea igualdad servil
saliva con su hollín

Miedo y bien común de nadie
dan sentido al despreciable
Recluida a la luna aúlla
la dignidad moribunda

Pastor de Nueva Miseria
argolla deshumaniza
el hato queda marcado
con sus ojos bien cerrados

Las bestias subyugadas hacen reír al diablo
Sin libertad ni en vida significado
Repugnantes amos y esclavos
Su ātman ha degenerado en vaho

viernes, 23 de marzo de 2018

Lluvia tras sequía.


Este erial de silencios,
Esta hoja en blanco,
Me ha atormentado durante meses,
Me ha desafiado y ganado.


La tierra que representa me aplasta
El agricultor que soy, se rinde.


Tras tantos días sin nubes en su cielo,
Un grupo de ovejas flotantes,
Un grupo de nimbos sobrevuelan mi cabeza.


Y miro al cielo, a sus barbas blancas y grises
Y el cielo me mira, llorando su alegría.
Florece el verbo,
Florece negro sobre blanco.


El fruto me mira.
Sale tímido,
Sale esquelético.
Pero sale a mirarme,
Sale a pedirme cuidados,


Mucho tiempo descuidé este campo,
Esperando que la lluvia me ayudara.
Mucho tiempo excusándome en ello,
Ahora me acusa de no cultivarlo.


Perdí la práctica,
Por ello el fruto no es abundante.
Perdí la paciencia,
Por ello ahora debo recuperarla.


Intentaré volver a la tarea.
Me esmeraré el doble.
El fruto debe crecer.
El campo blanco no volverá.


jueves, 16 de junio de 2016

Duelo al atardecer.

Yo lo conocía, no íntimamente, pero sí su reputación en la ciudad. Un hombre recto, y correcto. Amable, pero no simpático. Yo estaba aquel día en la cantina cuando un hombrecillo extranjero le entregó esa carta que lo tachaba de hombre sin honor y que le conminaba a batirse en duelo para defender “el poco honor que tenía”, palabras literales. Al leer la carta, sus acompañantes, que la leyeron sobre su hombro, se encendieron en cólera, mas no así nuestro protagonista. Sereno e impávido, sin poner un solo gesto en su rostro, se levantó y se puso frente al mensajero. Con el vaso casi lleno en la mano, acabó su cerveza negra de un trago, limpió con el antebrazo la espuma de su rojiza y densa barba y solo pronunció tres palabras: “acepto el duelo”. Tras eso, el extranjero, casi temblando por la imponente figura de su interlocutor, con un servil gesto de cabeza, salió a toda prisa de la taberna, más por la premura que sentía de desaparecer de su vista que de informar a quien lo mandaba. Al salir el hombrecillo, nuestro protagonista, impertérrito como siempre se dirigió a la barra, junto a mí. Pidió dos cervezas y me tendió una.
-  ¿Serás mi padrino?- Me preguntó.
- ¿Cómo dice?
- Necesitaré a un hombre de ley a mi lado.
- Sigo sin entender sus palabras.
Tendió la carta y la leí. La exquisita caligrafía del retador chocaba con la dureza de los términos que empleaba contra él. Como abogado, sabía la importancia que tenía ese reto. Las normas del duelo y el ritual que representa eran para mí la mayor expresión de la justicia más allá de los muros del juzgado. La mayoría de mis compañeros de profesión detestan esta forma de resolución de conflictos, pero todos en la ciudad sabían que yo era rara avis en eso, aconsejaba esa forma de atajar los conflictos sin entrar en costosos procesos que no les conducirían a nada.
Sin necesitar una sola palabra más que las ya dichas, le devolví la carta y brindé con la cerveza que me había ofrecido. Una ligera sonrisa acompañó su brindis de respuesta. Después de acabarnos la bebida, me citó en su casa a las seis para partir juntos al duelo.
Nunca olvidaré aquel níveo día de enero. No pasa día alguna en el que al mirar hacia aquel claro a las afueras no recuerde la escena que de la que tuve la desgracia de ser testigo único. Empezaré por cuando toqué a su puerta, levantando el pesado llamador con forma de bestia. Su ama de llaves me hizo pasar, pero su cara no expresaba alegría alguna por tenerme allí, aunque sí me expresó mientras subíamos algo de alivio por acompañarle como padrino del duelo. Llamé a la puerta y el largo silencio incomodó a la señorita que me acompañaba, pero más me incomodó ver aparecer a aquel gran hombre de gesto serio ante mí cuando abrió sobriamente la puerta.
Me indicó que me sentara ante su escritorio con un simple gesto de mano. Siempre fue hombre de pocas palabras. Mientras se enfundaba las botas sus fríos ojos verdes paseaban insistentemente por las letras de su nombre escritas en la carta que le citaba en aquel campo al atardecer. Su esbelta y alta figura recortada por la luz de la ventana dejaba constancia del valor de quienquiera que fuera el retador. Se puso la gruesa chaqueta de piel y guardó en sus bolsillos sus efectos personales, se apretó el cinturón y se colgó en él su daga y su pistola.  El duelo es el juicio del honor. Y él era un hombre de honor, nunca dejó que eso se cuestionara, por eso no podía faltar a esa cita. Antes de partir, me pidió que dejara sus asuntos en orden, por si el duelo podía con él, aunque sus ojos transmitían que no creía mucho en esa posibilidad.
Arreglados todos los asuntos y el papeleo que conllevan, avisó al palafrenero de que preparara la berlina y la condujera. Durante todo el viaje fue serio, como siempre, y examinando su arma. Su pistola era muy sobria, con las filigranas justas, solo destacaba el detalle del percutor, con forma de pico de águila, y unas iniciales, “D.C.”, grabadas en la empuñadura, justo al lado del gatillo. Su gesto reflejaba gran serenidad, no había asomo alguno de preocupación. Parecía un hombre seguro de no tener nada que ocultar, nada que demostrar. He de admitir que incluso para alguien tan robusto y de aspecto tan severo, esa calma traspasaba lo normal. Mis ojos, como los de un niño, paseaban por los invernales paisajes de aquella nuestra amada Escocía el primer día de nieve del año de nuestro señor 1759. Los árboles adornados del blanco inmaculado de la nieve resaltaban el fondo gris que ofrecía el cielo cercano al ocaso que cubría nuestras cabezas. Sin dejarse conmover por tamaña belleza invernal, nuestro protagonista paseaba su mirada entre su pistola y el ventanuco de la parte delantera del carro. Quería llegar pronto allí, se notaba en su cara, se notaba que tenía prisa por lavar su honor.
Un claro, rodeado de robles casi centenarios, dejaba ver por entre sus ramas los últimos rayos del Sol. Para alguno de los dos sería la última vez que pudiera contemplar esas luces crepusculares. Allí, en una parte del claro, una figura oscura se apoyaba en el roble más viejo de todo el claro. Nos bajamos del carro y avanzamos hacia él. La nieve, crujiendo bajo nuestros pies, enmoquetaba todo el claro y su único dibujo eran nuestras huellas, las de la berlina que ya se marchaba y las del desconocido.
Embozado en una capa, el misterioso ofensor del honor de mi nuevo cliente, no se percató de nuestra presencia hasta que estábamos a escasa distancia. Lo único que se veía de él antes de que se descubriera, era un frío ojo claro bajo una severa ceja roja como el fuego.  Al vernos avanzó unos pasos y se plantó ante nosotros. En ese momento empezó a abrirse el abrigo. En su cinturón, una pistola casi idéntica a la de su rival, mismo percutor aguileño, mismo color marrón madera vieja, mismo gatillo… Solo un cambio, las siglas, en lugar de “D.C.”, eran “E.C”. Toda esa gran serenidad se torno desasosiego al reparar sus ojos en el arma. Después, es desconocido se descubrió la cara y en sus cristalinos y fríos ojos y en su afilada y seria dentadura se reflejaba un gesto de reconocimiento y desprecio por quien tenía delante. 
Espalda con espalda, la mano de nuestro protagonista temblaba y hacía sonar el metal de la pistola entre sus dedos. No cruzaron una sola palabra, pero podía decirse sin atisbo de duda que ambos se conocían y que el misterioso caballero era para él, un fantasma de algo que creía perdido en el tiempo, una pesadilla mientras estaba despierto, un mal sueño con los ojos bien abiertos.  Ambos, casi al unísono me hicieron un gesto para que empezara a contar los pasos. El gesto de mi cliente fue dubitativo y aterrado. El del forastero, decidido e impaciente, diría que incluso iracundo.
Di la señal y con sus respectivos pies izquierdos, comenzaron a avanzar a mi cuenta, haciendo ceder la nieve bajo sus pasos. Conforme empecé a contar, el forastero rompió por fin su silencio sepulcral con una pregunta.
“UNO” grité.
- ¿Mereció la pena?- Mi cliente no respondió a su pregunta, pero empezó a temblar más.
“DOS”
- ¡Responde! ¿Mereció la pena abandonarnos a nuestra suerte por esa niña rica?- Siguió sin responder y bajó la cabeza.
“TRES”
- Te escucho temblar. ¿No temblaste así al dejarnos allí, sin nada que comer y sin una sola libra, verdad?
- Lo... Siento... Yo...- Se dignó a hablar entre temblores y lágrimas nacientes.
“CUATRO”
- ¡Contesta a la pregunta!
- Pensé que podrías... No sé... No sabía...
“CINCO”
- ¡Contesta! No quiero disculpas.
- Pensé... Que padre y tú saldrías hacia delante sin mí... Confiaba en vosotros...Tú siempre fuiste el fuerte de los dos...
- No me interesa lo que pensaras o dejaras de pensar, hermano. Me da igual que te sientas mal, te he hecho una pregunta, es todo lo que quiero saber.
“SEIS”
- Yo estaba enamorado... Era joven... Tú siempre cuidaste de padre y de mí tan bien que incluso pensé que lo mejor era desahogarte de la carga que yo representaba...
- ¡CONTESTA! ¡YA!
“SIETE”
- Sí, hermano, mereció la pena.- El temblor y el terror se sustituyeron por resignación y un cansancio apareció en la voz del hermano mayor.- Cada día desde que me escapé con ella a la ciudad hasta que murió hace un año, tras una larga enfermedad, merecieron la pena. Mereció la pena ver cómo su rostro aniñado se hacía adulto a mi lado. Mereció la pena tener que dejarlo todo por estar a su lado en los malos momentos, ella siempre hizo lo mismo por mí. Mereció la pena que me despidieran por salir corriendo con la esperanza de que sus últimos momentos fueran a mi lado. Y mereció la pena que se apagara lentamente en mis brazos mientras, con su último esfuerzo, me sonreía.
- Entonces mereció la pena que padre me recriminara a mí que te fueras. Mereció la pena que el ojito derecho de padre se fuera de aventuras mientras el hijo menor, a quien nadie quería, se encargaba de todo. Te parece bien que por tener un romance pueril padre me odiara hasta su último estertor mientras miraba a la puerta, con la esperanza de que el hijo pródigo se dignara a reaparecer. No entiendes el infierno que pasé por no ser como el hijo mayor, el fuerte, el impetuoso, el favorito de todos.
“OCHO”
- ¿Crees que si lo hubiera sabido me hubiera ido?
- Sí te habrías ido, solo te importaban los ojos zalameros de esa niña rica, creo que ya lo has dejado muy claro. Es duro odiar a un hermano, pero tú... Tú me lo has puesto muy fácil.
“NUEVE...” 
- Si te sientes mejor pensando eso, bien, no espero que lo entiendas. Si pudiera volver atrás, sabiendo esto, sabiendo todo lo que pasó, créeme, volvería a escaparme con ella. Eventualmente había vuelto con vosotros, al menos a visitaros hasta poder llevaros conmigo. Pero no intentes hacerme sentir culpable por irme con ella, porque eso sí que no lo conseguirás. Y si padre nunca supo ver que de los dos, tú eras el mejor, fue problema suyo, porque yo siempre pensé que tú eras el que más lejos llegaría de los dos.
- Déjate de lastimeras parrafadas. Ya está todo dicho, ya está todo hecho, ya solo queda que nos enfrentemos a nuestro destino. Y que padre nos vea desde ahí abajo donde esté ardiendo.
“...Y DIEZ”
- Buena suerte, hermano.- La voz de nuestro protagonista estaba tan llena de cansancio y resignación que helaba la sangre pensar que estaba a unos simples segundos de batirse en duelo con su propio hermano.
- No quiero nada de ti, y mucho menos tu hipócrita deseo de suerte. Te mandaría al Infierno, pero no tengo ganas de volver a verte.

Un rápido giro de pies se escuchó. Los hermanos se encontraron cara a cara de nuevo. Tras un tenso segundo que para ambos seguro que duró una eternidad, en el que sus ojos eran como espadas chocando entre sí, un solo disparo se escuchó. Resonó por todo el claro. Como el mazo del juez golpeando, el disparo dictó sentencia. El níveo suelo se enrojeció. El juicio del honor había terminado. 

sábado, 16 de abril de 2016

Náufrago apático


 
Nutrida por agónicas farolas
la sombra del gentío parpadea,
el caucho y la humedad al aire ahogan.

Palabras de traje revolotean
por lo que mi visión no queda fija
va al noroeste e ignora las estrellas.

Se aglutinan las polillas
por supuesto en vano
pues en sus sueños se queman
y después nada queda.

Un billete para montar sin destino
el paisaje del atardecer vital
te ruego por favor,  llévame veloz
al yermo del otro lado de este mundo

Huesos de perro en campos de veraneo
montañas de cadáveres bajo epitafios
piso sobre ellos para dirigirme al mañana
entonando las notas rojas de la bronquitis.




La ciudad me ve y chasca su lengua
me encierro en mí mismo mientras ardo
soportando la sociabilidad
les escupo, mi confianza mengua
y después nada queda.

En el acto que separa
a los hombres de las bestias
pululan advenedizas
unas moscas plateadas.

El fluido hace un peregrinaje:
marcha hacia tierra sagrada.
Trata de no fallecer
en esas prontas nevadas.

Un hotel aparcado en la autopista,
un crepúsculo casto de abstinencia,
el alba inadecuado, el final del mundo
con la apariencia de un tartamudeo.
Lo trago y al toser rocío cortinas.
La vida arde de nuevo en esta vía.

Sentada atrás los años pasaron
grises para una planta marchita.
Al volcar en una intersección
indefensa sangre derramando,
sintió por fin vida crepitar.


El humo de mi cuerpo anuncia mi partida
y mi sangre marca mi ruta de salida
en este viaje, ¿por qué cuánto más me acerco
a mi destino siento que más me alejo?

La fricción de la vida y la muerte crea chispas
la vivacidad de un fin calcina mis entrañas.





miércoles, 6 de enero de 2016

El castigo del imperturbable

Vi como otros sí reían
les vi llorar, rabiar
desesperaban y cantaban
Necios, a diario temblaban
Entonces lo comprendí
El Avīci, es terrible
Ninguna esperanza, sueños,
sin frustración, insensible
Vacío, dentro de mí

domingo, 20 de septiembre de 2015

Aquél en el mar del desierto

Desbancado del cardumen
Se refleja especial y único
En el que él solo bautizó
"Manto azul lleno de estrellas"
Como todos los demás
Aquí consta su resumen

jueves, 27 de noviembre de 2014

Cosas rotas.

- Zapatillas con las suelas gastadas.
- Vaqueros con los bajos hechos jirones.
- Camiseta con el dibujo difuminado.
- Gafas  con los cristales algo rayados.

- Una pulsera de cuerda deshilachada
Y con una decoración de cerámica rota.
- Otra pulsera, de tela, descolorida.
- Un colgante con forma de delfín
Partido tres veces y remendado.
- Una libreta con el lomo despegado,
Con hojas sueltas y arrugadas.

- Un corazón roto
- Una voluntad quebrada.
- Una mirada perdida y turbada.
- Una sonrisa a media asta.

Todo esto es lo que siempre llevo.
Y lo llevo con orgullo.
Todo va a juego.

Me gusta ir bien conjuntado.

Asesino no violento.

Si te ganaras la vida matando,
Serías el asesino más limpio del mundo.
Sólo tendrías que hacerte amigo del objetivo
Y empezar a contarle tu vida.
Dudo que tardara mucho
En morir del aburrimiento.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Una pregunta

¿Que le ocurre a un hombre cuando pierde aquello en lo que creía y que tanto amaba?

Objeto vacío

No tener a nadie de quien preocuparte,
a nadie de quien cuidar,
a nadie para dar caricias.
A nadie para querer más que a ti mismo
y en quien confiar más que en ti mismo.
A nadie que esté en lo bueno y en lo malo.
A nadie que aguante todas tus tonterías
y que quiera compartir contigo las suyas.
A nadie que consiga hacerte sonreír
cuando solo quieres llorar.
A nadie que consiga hacerte olvidar tus problemas
con solo escuchar su voz.
A nadie que te distraiga con su sonrisa
y que con solo mirarla a los ojos te sientas vulnerable.
Sentirte inútil, vacío y sin rumbo.
Ahora mismo no valgo más que el aire que respiro.

lunes, 18 de agosto de 2014

CEGUERA.

Me despierto, alarmado.
No veo nada, sólo oscuridad.
Me agito, lloro y grito.
“¡Estoy ciego!”
“¡No logro ver nada!”
“¡Cuán desgraciado soy, mis ojos me fallan!”

Pero en ese momento,
Escucho un grito ajeno de fondo:
¡Sube la persiana y deja de llorar, so tonto!

domingo, 27 de julio de 2014

REINA A LA CARRERA.

Cuando salgo a correr
Y mis piernas flaquean,
Tu música las empuja y endurece.

Cuando mi aliento se torna seco,
Entonces me recuerdas
Que el espectáculo debe continuar.

Tu rapsodia bohemia me dibuja una sonrisa
Y me invita a seguir mi carrera.

Gracias a ti sé que quiero ser libre y
Entonces recorre mis músculos
Una suerte de magia,
Me animo y adelanto a los demás.

Cuando los sobrepaso,
Digo para mí con una voz interior,
Otro que muerde el polvo.

Por recordarnos siempre que
Nosotros somos los campeones,
Tu legado, Freddie,

Siempre estará en nuestras carreras.

lunes, 23 de junio de 2014

El lo quiso así

Se levantó y cogió su arma. Abrió por última vez la puerta y se marchó para no volver. Él lo sabía, lo quería así, no quería gloria ni justicia…. Por cualquier cosa habría jurado que no quería justicia, sino venganza. Se cobraría la deuda y acabaría con esto de una vez por todas….
Sin más dilación llegó al lugar citado y cuando tuvo a su enemigo a la vista no lo dudo ni un instante. Desenfundó y sin darle tiempo le voló la cabeza…..
Estaba hecho, y nada había cambiado. El dolor seguía arraigado junto con la ira y el odio. Él lo sabía… él lo quería así, no quería justicia, quería venganza.
Se alejo unos cuantos pasos del cadáver de su enemigo y se apuntó con el arma….
Todavía quedaba otro enemigo para acabar la sangrienta historia. Si las cosas hubiesen sido de otra forma no habrían cambiado el producto final. Él lo quería así , y sin más demora se reventó la cabeza….

En el cadáver se observaban lágrimas cayendo. Aún sabiendo como acabaría sin duda él lo quiso así...

sábado, 31 de agosto de 2013

Es una canción para decir adiós

  Bueno, entonces... Si debo hablar a alguien de Sendi Cade, supongo que debo recordar aquellos días lejanos ya, hacia el inicio de mi adolescencia. Fue entonces cuando la conocí. Ella se envolvió firmemente a mi brazo derecho, pasando a formar una parte más de mi vida desde entonces. Sí, creo que este es un buen comienzo.

Humani generis

Escudriñado un nuevo día entre la niebla de verano
avanzaremos, seres repudiados, sobre dos vacíos
Pese a conocerse frágiles, que confíados, altivos
No faltarían motivos, pues grandiosa valía, mira, 
eligen ser irracionales; no quieren quedar solos
Insistentes, tampoco renuncian a ver esta desgracia
Un grito a la escarlata madrugada, torrente, vivo 
nace de vivos ojos. ¡Desgarrador, sospechado fugaz
perpetuo aliento de inefable voluntad humana!
Al final de la gruta, la luz aguarda a este persistente

Libre

¡Que el esplendor humano, es su libre voluntad!
¡Que alas tan puras, con un peso tan maldito!
Puede revolotear cual cobarde polilla
al son de una visión que resulta convencional;
puede quemarse tratando, maravillado,
montar en el áureo carro del dios Apolo.

Creerá, y así cambiará su dimensión y el mundo
Para su convicción calza armadura hermética
acumula victorias, lanza sofismas a quien
portador de horrible alma, osa vagar salvaje
Sólo con otros ojos es por un tiempo libre

Emoción rehuida

Es cuna del resentimiento, excusa non petita de los que destruyen a escondidas
Sus usuarios son, siempre, apaleados perdonadores
Y ellos ven aterrados, plantada en corazones ajenos
la semilla de la libertad que arrancaron de sí mismos
Un igual por temer la soledad, y aún hablan de egoísmo
Engaños, la extinción de verdadero gozo, castigo
La promesa de felicidad; bajeza, thumma, complaciencia.
Tantos bellos mundos, sueños de belleza, que es pretenciosa
mares de almas agonizan, ahogadas sin nunca nadar
voluntades pisoteadas, humilladas por la bondad
pájaros que vuelan directos, ¡sin luchar!, hacia su jaula
¿Cuándo estará satisfecha vuestra humildad?

sábado, 29 de junio de 2013

Finita posibilidad

Rebelado contra lo inevitable,
pediré que se detenga el tiempo,
prometida la estética. ¡Ah, desenfreno!
Yo puedo rechazarlo, detestarlo.
Negaré el propósito de los otros.

¡Ah, el momento! 
Yo puedo crearlo, poseerlo, y en
todo instante conquistaré lo bello.
Si detengo mis fraguados intentos
te secarás, llama de lo finito.

Río sempiterno, deja de fluir
permite que modele del polvo
un nuevo significado, así yo
sonreiré sin que te evapores,
consciente de la estética pura.

martes, 11 de junio de 2013

Noche de pelea.

Este poema es el primero que escribo en mucho, mucho tiempo. Sé que no tengo la calidad estilística y el refinado lenguaje lírico de mis compañeros, diría incluso que es un poema de lo más infantil, mas este poema sólo cumple una misión terapéutica, tanto para mí como para cualquier posible lector que haya pasado por algo parecido. Como siempre digo, si no os gusta podéis darme vuestra opinión, siempre que no sea de manera violenta, por favor.


Esta noche apenas he descansado
Recibí la visita de un fantasma del pasado.

Trepando por mis sábanas de tela
Me ha dejado casi toda la noche en vela.

Ha escalado lentamente hasta mi oído
Y me ha susurrado: “jamás serás querido”.

Este recuerdo agridulce de mi mente emana
Y como la peste por ella se propaga.

En anteriores visitas lo dejé pasar
Y mi autoestima le dejé minar,
Mas esta vez prefiero luchar.

Comienza el combate.
El público  pide sangre, clama.
No pararé hasta que, golpe a golpe, te mate.
La mujer de la que eras recuerdo ya de mi corazón no es ama.

jueves, 30 de mayo de 2013

Discurso del amor

Durante toda la historia el hombre ha intentado alcanzar la verdad, los ideales , trascender....
Durante muchos años yo pensaba que el dolor , la pena , la compasión absoluta eran algo necesario para alcanzar la felicidad.

Hoy día me he dado cuenta de que nada tiene sentido , de que las cosas no son más que accidentes , de que todo lo que nos rodea es impredecible con certeza . ¿La necesitamos para algo?, la respuesta es NO. Podemos intentar vivir sin sentido , la respuesta es NO . Hay demasiadas variables en la vida , demasiada información como para que la capte el ser humano.¿ Entonces qué nos queda ?, sencilla y llanamente la elección. Señalar a alguién por su creencia o forma de pensamiento es comportarse poco menos que un borracho gritando a la lámpara tras una noche de resaca . Efectivamente, no es lo que pensamos lo que nos define  ni mucho menos, sino por como actuamos ante cada situación.

Me inclino por la llamada pasión más noble de todas; en efecto, me refiero al amor. Esa sensación que nos convierte en superhombres y a la vez en esclavos , en poderosos y débiles. Todo tipo de amor es así, algunos más fuertes que otros según el individuo.Siguiendo con el tema que quiero comentar , me refiero a como muchos lo han rechazado , otros lo han abrazado como único y otro han tratado de buscar el término medio. Pues bien yo afirmo que todos estan equivocados , incluido yo . La razón es sencilla , pues la sensación es única tanto desde el punto de vista biológico como el real. Con el término real me refiero a lo que realmente importa , a la sensación , a la reacción en nosotros . Pues es ingenuo creer que somos máquinas biológicas. ¿ Por qué ? , sencillo tanto si fuese cierto como sino lo fuese la elección de que nos transcienda o no es nuestra, incluso desde el momento que decidimos no pensarlo, pues nos sería indiferente. Si bien un tostador no puede enamorarse porque es una cosa el hombre tampoco debería, salvo claro está el caso de la reproducción. Ahora bien, como animales que somos , no podemos decir que seamos máquinas al igual que otros animales , ¿Por qué sino íbamos a desear pasar la vida entera con alguien?, ¿por que no buscar la simple etapa reproductiva como muchos otros animales?. Sencilla mente porque es algo indescriptible si es que llega, de ahí nacen los escépticos. En el momento que alguien encuentra a otra persona con quien fundirse todo cambia. Eso no quita que el amor sea la panacea del sentido , el bien supremo , la fórmula de la felicidad . De ningún modo. Mucha gente podrá tener esa suerte, otra no , e incluso algunos tendrán la mala suerte de no ser correspondidos.

¿Solo tiene sentido el amor? Sí , por supuesto, pero antes de amar a alguien debemos habernos amado a nosotros mismos , sino como podríamos entregarnos a alguien. ¿ Qué podrías ofrecer a alguien cuando ni siquiera tú mismo eres capaz de levantarte todas las mañanas y sonreir y comerte el mundo?
Algunos dirán que en el amor se encuentra fuerza , y  yo les diré ¡que también debilidad!. No digo que no saltemos con la venda en los ojos, pues otras veces es necesario arriesgar nos. Pero en caso de caer , si no contamos con un mínimo de amor propio de preocupación propia ¿cómo dejaremos de arder para empezar a brillar , para salir del vacío , del veneno de la auto compasión?

Solo unos pocos afortunados terminan encontrando a la persona que les hará felices el resto de su vida. Por supuesto aclaro que el amor es válido para todos excepto para pedófilos , un pedófilo viola niños pequeños y ni amor ni ostias eso es violación de los derechos infantiles ( nunca mejor dicho).Por supuesto el superhombre es compatible con el amor por mucho que le duela a tan gran crítico y espero que sepan a quien me refiero , pues mientras uno sea capaz de superarlo, de no ante ponerlo a los deseos propios antes de haber vivido su vida  podrá entonces compartir con otra persona su vida pues de otra forma no tendría nada que ganar y  todo que perder en caso de tragedia.

Sin más demora para finalizar este pequeño discurso sin duda de carácter solo cognoscible para quienes se hallan desentendido del amor o para quienes estén enamorados , para quienes sean superhombres y superexcalvos y aun así toman la elección de beber la poción de la mortalidad para dejar de ser superiores y para poder compartir su alma , su vida y su ilusión con alguien que los eleve más o los haga descender a los infiernos. Tristemente el amor es así. Por tanto ahora te pregunto a ti superhombre o superexclavo;
¿ Quieres beber este dulce veneno de la mortalidad?,