miércoles, 15 de mayo de 2013

UN AMOR DE PELÍCULA (continuación de Canciones) (III)


Como no quería perderme la reconciliación la seguí. Por el camino me dijo lo que quería decirle como disculpa, con unas palabras de lo más bonitas y emotivas, casi me hizo llorar. Sin embargo, cuando Johnny abrió la puerta, pues había hablado yo por el porterillo para darle una mayor sorpresa, se encontró frente a Celeste y ella empezó a hablar no dejó que dijera más de dos palabras. Johnny tenía los ojos rojos de llorar, la cara llena de lágrimas y se apreciaba en él un aura de tristeza profunda, pero todo eso cambió cuando se encontró frente a ella. En sus ojos volvió a destacar sobre el rojo el verde natural de su iris, verde esperanza, las lágrimas que bañaban sus mejillas apenas se apreciaban ya y su aura taciturna se tornó en un aura de infinita felicidad. No le dejó decir ni dos palabras porque la calló con un beso, cada vez que intentaba decir algo la volvía a besar. Lo que yo decía, como una película. Tras cinco o seis besos que tornaron la desgracia en júbilo Celeste decidió apartarlo y volver a intentar hablar.

- Johnny, entiendo por estos besos que me perdonas, pero aun así mereces una disculpa y te la daré...

- No, no es para nada necesario. El hecho de que hayas vuelto me vale más que de sobra como disculpa, es más, soy yo el que te debe una explicación. Esas chicas venían buscando a mi compañero de piso, no te dije nada de él porque no es una persona que quieras presentarle a tu novia. Es un tío algo promiscuo, que odia el compromiso y que no quiere que sus amigos tengan novia, porque eso fastidiaría su ritmo fiestero. Por eso ellas estaban allí.

- Vaya, me siento como una idiota.

- No tienes por qué, soy yo el que debería haberte dejado claro lo que pasa con mi compañero antes de dejarte entrar a casa. Es un milagro que no hayamos encontrado “situaciones incomodas” al entrar.

- Bueno, pues si me perdonas olvidaremos este episodio de nuestra vida. ¿Me perdonas?

- Por supuesto, ¿cómo iba a denegarte mi perdón? Tú me has devuelto la esperanza en el amor, eres mi “alguien especial”. Por cierto, ¿qué te ha hecho cambiar de opinión?

- Esto-  señaló el colgante, lo tomó en sus dedos y jugueteó con él mientras sonreía-. Elisa me contó lo que le dijiste sobre el colgante, justo cuando me lo dijo vinieron a mi mente imágenes de cómo mirabas el colgante, de cómo lo tratabas. Sentí que algo que primero me pareció un simple detalle, simple pero bueno y simbólico, claro,  se convertía en el mayor gesto que nadie había tenido conmigo, porque tenías que estar muy seguro para darme así tu corazón, y aun  así te tuvo que costar hacerlo.

- No me costó nada. Nunca me he arriesgado ni teniendo un 99% de posibilidades de acertar, por ese posible 1%, pero esta vez tenía un 100% de seguridad, no he estado más seguro de nada en mi vida. Estoy más seguro de que he acertado que de que me llamo Johnn Park.

Y así se consolidó su relación, siguieron saliendo y, tras algo más de un año siendo pareja, aquí estoy, en una iglesia viendo entrar a Celeste con un vestido blanco avanzando lentamente hacia el altar del brazo del hippie de su padre, que por primera vez en su vida se ha puesto traje, y allí esperando esta Johnny, vestido con un precioso traje y una corbata azul, azul celeste. No suena la marcha nupcial. Por deseo de los novios, mientras Celeste avanza por el pasillo, suena el “Canon de Pachelbell”. Me he prometido a mí misma no llorar, pero me está costando. Empieza la ceremonia. Yo estoy sentada tras la novia, pues soy una dama de honor. Las damas de honor estamos mezcladas con los amigos de Johnny, ya que los hombres no tienen “damos” de honor, al menos tiene allí a sus colegas. Llega el momento de los votos y empieza Johnny.

- Celeste, nunca olvidaré el día que nos conocimos. Sin ni siquiera conocerme confiaste en mí y me permitiste abrir mi corazón, ese que ahora es tuyo. Cada gesto, cada palabra que hiciste ese primer día caló en mí y me hizo creer en el amor, en nuestro amor. Y aunque alguna vez has tenido la duda de si te quería, mira alrededor de tu cuello, ya sabes que esa es mi respuesta.

Mi esfuerzo para aguantar las lágrimas es titánico. Es el turno de Celeste y, para mi sorpresa, dice, entre otras cosas, algo que debía haber escuchado antes Johnny. Palabra por palabra, coma por coma, igual que cuando me lo dijo a mí en su día, Celeste pronunció su disculpa a Johnny por su falta de confianza en él.

- John, sé que en su momento no quisiste oír esto. No te importaba lo que dijera, mi simple presencia en tu puerta te convenció de mi arrepentimiento, pero esto que te voy a decir es mi disculpa, la que pensé en el momento. No es la que querías, es la que te mereces: “siento haber dudado de ti, sé que por esto no debería ser perdonada. Dudé de ti aun habiéndome abierto de par en par las puertas de tu corazón, y no sólo me abriste las puertas, me diste la llave y el corazón completo. Por eso te digo que si de algo en esta vida me arrepiento es de no confiar en el hombre que me devolvió la sonrisa y que me hizo sentir especial, tú.”

Las lágrimas ganan la batalla, todos mis esfuerzos tirados por tierra. Lloro de emoción, como viendo el final de una típica comedia romántica. No tengo nada con qué secarme, pero a mi izquierda aparece un pañuelo en una mano, tras ese pañuelo, un amigo de Johnny que me sonríe y que también tiene cierto rastro de alguna lagrima fugaz. “Toma, has aguantado bien, pero hay que admitir que con eso que han dicho no hay quien no se le escape una lagrimilla”. Se lo agradezco y el resto de la ceremonia lo pasamos comentándola. Creo que es un buen chaval. Algo me empuja a pensar en nosotros en la misma situación que Johnny y Celeste, es algo fugaz pero ahí está. Me sonrojo pero él no se da cuenta, menos mal. ¿Será esto el inicio de una secuela de la película que tanto había disfrutado viendo y actuado de secundaria, siendo en esta secuela la protagonista?

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