Como no quería perderme la
reconciliación la seguí. Por el camino me dijo lo que quería decirle como
disculpa, con unas palabras de lo más bonitas y emotivas, casi me hizo llorar.
Sin embargo, cuando Johnny abrió la puerta, pues había hablado yo por el
porterillo para darle una mayor sorpresa, se encontró frente a Celeste y ella
empezó a hablar no dejó que dijera más de dos palabras. Johnny tenía los ojos
rojos de llorar, la cara llena de lágrimas y se apreciaba en él un aura de
tristeza profunda, pero todo eso cambió cuando se encontró frente a ella. En
sus ojos volvió a destacar sobre el rojo el verde natural de su iris, verde
esperanza, las lágrimas que bañaban sus mejillas apenas se apreciaban ya y su
aura taciturna se tornó en un aura de infinita felicidad. No le dejó decir ni
dos palabras porque la calló con un beso, cada vez que intentaba decir algo la
volvía a besar. Lo que yo decía, como una película. Tras cinco o seis besos que
tornaron la desgracia en júbilo Celeste decidió apartarlo y volver a intentar
hablar.
- Johnny, entiendo por estos
besos que me perdonas, pero aun así mereces una disculpa y te la daré...
- No, no es para nada necesario.
El hecho de que hayas vuelto me vale más que de sobra como disculpa, es más,
soy yo el que te debe una explicación. Esas chicas venían buscando a mi
compañero de piso, no te dije nada de él porque no es una persona que quieras
presentarle a tu novia. Es un tío algo promiscuo, que odia el compromiso y que
no quiere que sus amigos tengan novia, porque eso fastidiaría su ritmo
fiestero. Por eso ellas estaban allí.
- Vaya, me siento como una
idiota.
- No tienes por qué, soy yo el
que debería haberte dejado claro lo que pasa con mi compañero antes de dejarte
entrar a casa. Es un milagro que no hayamos encontrado “situaciones incomodas”
al entrar.
- Bueno, pues si me perdonas
olvidaremos este episodio de nuestra vida. ¿Me perdonas?
- Por supuesto, ¿cómo iba a
denegarte mi perdón? Tú me has devuelto la esperanza en el amor, eres mi
“alguien especial”. Por cierto, ¿qué te ha hecho cambiar de opinión?
- Esto- señaló el colgante, lo tomó en sus dedos y
jugueteó con él mientras sonreía-. Elisa me contó lo que le dijiste sobre el
colgante, justo cuando me lo dijo vinieron a mi mente imágenes de cómo mirabas
el colgante, de cómo lo tratabas. Sentí que algo que primero me pareció un
simple detalle, simple pero bueno y simbólico, claro, se convertía en el mayor gesto que nadie
había tenido conmigo, porque tenías que estar muy seguro para darme así tu
corazón, y aun así te tuvo que costar
hacerlo.
- No me costó nada. Nunca me he
arriesgado ni teniendo un 99% de posibilidades de acertar, por ese posible 1%,
pero esta vez tenía un 100% de seguridad, no he estado más seguro de nada en mi
vida. Estoy más seguro de que he acertado que de que me llamo Johnn Park.
Y así se consolidó su relación,
siguieron saliendo y, tras algo más de un año siendo pareja, aquí estoy, en una
iglesia viendo entrar a Celeste con un vestido blanco avanzando lentamente
hacia el altar del brazo del hippie de su padre, que por primera vez en su vida
se ha puesto traje, y allí esperando esta Johnny, vestido con un precioso traje
y una corbata azul, azul celeste. No suena la marcha nupcial. Por deseo de los
novios, mientras Celeste avanza por el pasillo, suena el “Canon de Pachelbell”.
Me he prometido a mí misma no llorar, pero me está costando. Empieza la
ceremonia. Yo estoy sentada tras la novia, pues soy una dama de honor. Las
damas de honor estamos mezcladas con los amigos de Johnny, ya que los hombres
no tienen “damos” de honor, al menos tiene allí a sus colegas. Llega el momento
de los votos y empieza Johnny.
- Celeste, nunca olvidaré el día
que nos conocimos. Sin ni siquiera conocerme confiaste en mí y me permitiste
abrir mi corazón, ese que ahora es tuyo. Cada gesto, cada palabra que hiciste
ese primer día caló en mí y me hizo creer en el amor, en nuestro amor. Y aunque
alguna vez has tenido la duda de si te quería, mira alrededor de tu cuello, ya
sabes que esa es mi respuesta.
Mi esfuerzo para aguantar las
lágrimas es titánico. Es el turno de Celeste y, para mi sorpresa, dice, entre
otras cosas, algo que debía haber escuchado antes Johnny. Palabra por palabra,
coma por coma, igual que cuando me lo dijo a mí en su día, Celeste pronunció su
disculpa a Johnny por su falta de confianza en él.
- John, sé que en su momento no
quisiste oír esto. No te importaba lo que dijera, mi simple presencia en tu
puerta te convenció de mi arrepentimiento, pero esto que te voy a decir es mi
disculpa, la que pensé en el momento. No es la que querías, es la que te
mereces: “siento haber dudado de ti, sé que por esto no debería ser perdonada.
Dudé de ti aun habiéndome abierto de par en par las puertas de tu corazón, y no
sólo me abriste las puertas, me diste la llave y el corazón completo. Por eso
te digo que si de algo en esta vida me arrepiento es de no confiar en el hombre
que me devolvió la sonrisa y que me hizo sentir especial, tú.”
Las lágrimas ganan la batalla,
todos mis esfuerzos tirados por tierra. Lloro de emoción, como viendo el final
de una típica comedia romántica. No tengo nada con qué secarme, pero a mi
izquierda aparece un pañuelo en una mano, tras ese pañuelo, un amigo de Johnny
que me sonríe y que también tiene cierto rastro de alguna lagrima fugaz. “Toma,
has aguantado bien, pero hay que admitir que con eso que han dicho no hay quien
no se le escape una lagrimilla”. Se lo agradezco y el resto de la ceremonia lo
pasamos comentándola. Creo que es un buen chaval. Algo me empuja a pensar en
nosotros en la misma situación que Johnny y Celeste, es algo fugaz pero ahí
está. Me sonrojo pero él no se da cuenta, menos mal. ¿Será esto el inicio de
una secuela de la película que tanto había disfrutado viendo y actuado de
secundaria, siendo en esta secuela la protagonista?
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